Wednesday, March 07, 2007

El llamado de la Selva

Revista El Federal

El llamado de la Selva

POR SONIA RENISON

Un Ecolodge en la selva misionera propone conservar la naturaleza como alternativa económica para una comunidad.

Apenas el mosquitero plástico de la carpa es lo que nos separa de la espesura de la selva, Y la última luz se apaga. Es de noche y en el Ecolodge de la Reserva Provincial Cabure-í (lechuza en guaraní), a minutos del pueblo misionero de Comandante Andresito se encienden los sonidos del ambiente de mayor diversidad biológica del mundo: la selva paranaense. Uno cree escuchar una rana, dos o tres y al rato, son miles, sin exagerar, que se unen en una sinfonía de sonidos desconocidos y naturales. Sólo pensar en que la selva alberga unas 170 especies de reptiles y anfibios estremece imaginar el resto: 546 aves; 274 peces; 124 mamíferos y mil invertebrados protegidos entre más de tres mil especies de plantas.

Y uno está allí, recostado dentro de una carpa gigante a medio metro del suelo, que es un colchón de hojas y helechos cuando los sonidos de la selva se amplifican a medida que avanza la noche y ni un estrella se cuela entre los negros que dibujan las copas de los árboles, lianas y arbustos, que se adivinan con bordes plateados por la luna llena que los lame.

Dentro de la carpa del Ecolodge hay espacio para que cuatro personas descansen cómodamente. El calor y la humedad son intensos pero se puede decir que por la noche refresca o quizás sea el verde que se adivina afuera, el que hace sentir frescura.

La propuesta del Ecolodge Cabure-í, un nuevo proyecto de administración mixta en la reserva misionera del mismo nombre, es la promesa de vivir una noche en la selva y conocer sus secretos, servicios y alrededores. Y ahí estamos, la promesa se cumple y cómo.

Sería imposible enumerar el millar de seres que nos rodean, Uno posa los ojos en la frágil ventana para intentar adivinar la sombra de algo que nos advierten imposible que suceda, la aparición de algún "bicho" más grande que una rana. Es difícil que un yaguareté, un tapir, un puma, zorro o pecarí se acerquen a nosotros, nos dicen, porque se asustan del humano y se alejan. Pero la imaginación es más fuerte que la razón, y casi podemos escuchar nuestros latidos cuando cada uno, sin decirlo, espía por la ventana de la carpa. Eso sí, el cierre de la lona que hace de puerta está casi escapado de la cremallera, como si quisiéramos sumar seguridad al ingreso de arañas o insectos de otra calaña. Hay que tener mucho amor por la naturaleza para no espantarse de los pequeños ruiditos entre serpenteos y aleteos intermitentes. Investigamos la carpa y apenas sus lados, a modo de paredes, son de lona apoyada sobre el piso: Si uno empuja, se separa dejando ver y entrar las primeras plantas que nos rodean. Al fin, el cansancio supera todo y nos rinde el sueño que se hamaca entre los sonidos que se vuelven serenata.

Por la mañana, todo es luz y naturaleza. Los senderos se vuelven pequeños cuando se internan hacia el corazón de lo que sigue siendo la selva. "Hay que mirar muy bien donde uno pisa", advierte el secretario; de Turismo de la comuna de Comandante Andresitó,'Marcelo Aap, mientras avanzamos en fila por un sendero no más ancho de un metro. "Puede ocurrir que haya víboras", agrega. Y nos quedamos congelados. No avanzamos más. Nos quieren tranquilizar con la explicación de la noche anterior con que también se asustan de los humanos y huyen. "Ellos (los animales) tienen más miedo que nosotros, lo que ocurre es que ante el peligro se defienden y pican". Ahora sí que nos quedamos tranquilos. Lo cierto es que al mirar al suelo, hay vida en cada centímetro cuadrado. Así, una hormiga tan larga como un dedo meñique camina tranquila. Y todos nos separamos y la miramos de lejos. Una mariposa color azul brillante se acerca, revolotea mientras moscas y mosquitos rondan nuestras cabezas. Momentos antes, las instrucciones fueron seguidas al pie de la letra. Para convivir con la selva y no morir en el intento, hay que cubrirse la mayor parte que se pueda de la piel, con camisa suelta y de manga larga, pantalones, medias y zapatillas o calzado de caña alta. Un sombrero es ideal y primordial untarse con repelente de insectos hasta detrás de las orejas. Un rincón sin menjunge es blanco de picazón. Al final, parecemos una nube de insecticida. Terminamos creyendo que los bichos se alejan del olor, pero no. Un grupo de monos hacen ruido en la copa de un árbol y saltan de rama en rama, como en una película de Tarzán. El sol asoma fuerte desde temprano y las aves, entre ellos los tucanes, están en cualquier lugar.

El paseo no termina en el Ecolodge, porque este proyecto, administrado por una cooperativa local fue pensado como alternativa económica del lugar cuidando la selva. Canotaje en el Río Iguazú, recorridos en vehículos 4x4 y paseos en bicicleta son parte de las alternativas además de visitar la comunidad guaraní que trabaja en artesanías con fibras vegetales. La visita a la finca de Bruno Beck, otro pionero de la zona, permite conocer las costumbres de producción como un secadero de tabaco y una plantación de nuestro emblema nacional, la yerba mate. También, allí, hay un sendero de interpretación de la selva. Porque acá, en Misiones, la forma de defender a la selva fue cultivar en forma de moza¡co, con campos cultivados alternando franjas de selva virgen.

Y allí está la perla: una plantación natural de palmitos (Euterpe edulis), No es cualquier clase, sino uno que está en extinción porque hay gente que se dedica a cortarlo para vender su corazón, que es lo que se come, y al cortarlo se seca la planta.

Allí nomás, nos muestran al rey de la selva vegetal: el Palo Rosa, que fue declarado monumento natural de Misiones, cuya madera fue la preferida en la peor época de explotación maderera y que hoy está protegido por ley: puede alcanzar los 30 metros de altura.

El Ecolodge Cabureí, surgió hace tres años como proyecto piloto de eco turismo impulsado entre el Ministerio de Ecología Misionero, la Administración de Parques Nacionales, la municipalidad de Comandante Andresito y la financiación y capacitación desarrollada por la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA) y la Cooperativa de Ecoturismo Selva Adentro de Andresito con el objetivo de mejorar la relación del hombre con la selva y la búsqueda de alternativas económicas sostenibles.

"Para la comunidad de Andresito, este proyecto representa 600 puestos de trabajo directo e indirecto", dice el titular del área de Turismo, Marcelo Aap, quien integra una de las familias pioneras de este lugar de 22 mil habitantes ubicado en el extremo noroeste de Misiones, a unos 60 kilómetros del Parque Nacional Iguazú.

"Este municipio fue creado y colonizado hace 25 años y junto con El Chaltén, la villa de montaña santacruceña, son los municipios más jóvenes de la Argentina", acota Aap.

La localidad surgió como forma de colonizar la frontera con Brasil, y sus tierras fueron explotadas con la producción yerbatera como el caso de la Cooperativa Andresito que reúne a ochenta productores, también viven de la producción ganadera, forestal con extracción selectiva y economía de subsistencia.

Cabureí, se halla dentro del Corredor Verde misionero que representa un millón de hectáreas de selva de los tres millones de hectáreas que abarca el territorio provincial.

Desarrollo versus conservacion

El Parque Nacional Iguazú, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1984, recibe cerca de un millón de turistas por año, casi la misma cantidad de habitantes que tiene la provincia. Es una de lasonce zonas protegidas en forma de reserva y es el Parque más visitado de la Argentina. Su infraestructura y servicios desde centro de interpretación hasta tren ecológico, con paseos a la luz de la luna llena para admirar la famosa Garganta del Diablo, son parte del abanico que ofrece su visita. Pero, a la vez, la concentración de visitantes atenta contra su propio mantenimiento y degradación. Por esta razón, la presencia de una alternativa a 90 minutos del Parque, como lo es el Proyecto Cabure-í, que además está conectado con el parque provincial más grande de Misiones, la reserva de Urugua-í, ofrece una alternativa distinta para conocer la selva y vivirla desde adentro.



"Si hay selva, habrá fauna, sin plantas no hay animales", sostiene el representante del Ministerio de Medio Ambiente misionero en el Proyecto Cabure-í, Hugo Cámara, para resumir la importancia de cuidar la selva en esta provincia.

En poco menos de un siglo, la selva paranaense se redujo un 5,8 por ciento aunque Misiones mantiene un 45 por ciento de la masa virgen de su extensión original. que representa junto con el Parque brasileño de Do Iguazu, en un bloque de 360 mil hectáreas de selva en áreas protegidas.

En nuestro país, al estar conectados estos parques permiten que sobrevivan las especies animales de las cuales hay diez especies protegidas como el Pato Serrucho; el Maracaná Afeitado, un loro que alcanza a medir los 43 centímetros; el Aguila Harpía; el Charao, otro loro de plumaje verde, con cara, frente y hombros de color rojo.

El Yurumí, un oso hormiguero que llega a medir 2,15 metros de largo y pesar 50 kilos y que puede comer 30 mil hormigas por día; el Carayá Pìtá, un mono robusto de color rojizo; el lobo Gargantilla, que es la nutria más grande del mundo de 2,40 metros de largo; el Zorro Pitoco, muy parecido a un perro; el monumento nacional, Yaguareté, el felino más grande de América y el Tapir, el mayor mamífero de Sudamérica.