Friday, February 29, 2008

INCENDIO EN EL PARQUE NACIONAL LOS ALERCES




PARQUE NACIONAL LOS ALERCES


PARQUE NACIONAL LOS ALERCES


EL INCENDIO EVOLUCIONA SEGÚN LO PREVISTO



De acuerdo a las evaluaciones realizadas en la mañana de hoy por el equipo de trabajo de la Administración de Parques Nacionales que está abocado al combate del incendio forestal declarado el último domingo en el límite este del Parque Nacional Los Alerces, la situación general evoluciona según lo previsto. La superficie afectada dentro del Parque es de aproximadamente un 5% del total del incendio.

En este sentido, Pereyra destacó que la lluvia ha colaborado en la disminución de la intensidad de los focos registrados dentro del Parque, con lo se suma un elemento positivo a las múltiples variables que componen este evento”.

El Intendente del Parque Nacional Los Alerces - Guardaparque Ricardo Pereyra - señaló que “si bien el incendio no se extinguió, las precipitaciones registradas durante las primeras horas del día en la zona han mejorado las condiciones generales del combate del siniestro”.


Por otra parte, el Intendente Pereyra informó que a partir de las 20:30 del dia de ayer se abrió al público la Portada Central del Parque; con lo que se comienzan a normalizar las actividades en el área protegida.



Parque Nacional Los Alerces, 29 de febrero de 2008.

Monday, February 25, 2008

LA NACIÓN REVISTA



La Argentina inexplorada V / Patagonia

Paraíso de mar
Domingo 24 de febrero de 2008 | Publicado en la Edición impresa
FOTOS: JULIAN BONGIOVANNI

http://www.lanacion.com.ar/edicionimpresa/suplementos/revista/nota.asp?nota_id=988760
La costa norte del golfo San Jorge, en Chubut, es un lugar único. En pocos meses más se convertirá en un nuevo parque nacional. Pingüinos, lobos marinos y guanacos protagonizan las postales naturales más conmovedoras de esas transparentes bahías del Sur

El azul turquesa del mar produce un contraste fascinante con el verde de las algas sobre la costa, el negro de los mejillones en las piedras, la gracia de los pingüinos cuando anidan, las voces de los lobos marinos llamando a sus crías, todo enmarcado en la inconmensurable estepa chubuteña.

A eso se suma un cielo celeste que perdura hasta el postre y una luna gigante anaranjada que invita a disfrutarla con el café.

El golfo San Jorge es un lugar único de la república: allí, el veloz choique y el grácil guanaco miran hacia el horizonte marítimo para compartir su ecosistema con la fauna marina. Mezcla única de mamíferos, aves y peces.

Es una zona singular del país, y por ello en pocos meses será parte de un nuevo parque nacional: el Marino Costero Patagonia Austral. “Para abril o mayo se firmará el último acuerdo de este parque, que tendrá jurisdicción compartida entre la provincia de Chubut y el Estado Nacional”, adelantó el coordinador de prensa de Parques Nacionales, Marcelo Cora.

Además, será el primer parque costero marino del país que invitará a disfrutar de la naturaleza a 360°: hacia donde se mire, todo será un paraíso.

Se encuentra ubicado dentro del golfo de San Jorge, con dos puntos claves para la recorrida. El primero es Bahía Bustamante, con acceso desde lo que será el futuro portal sur del parque. Un diminuto poblado que fue creado en la década del 50 para la extracción de las algas utilizadas en la elaboración de fijador para el cabello. Hasta hace veinte años vivían unas quinientas personas y funcionaba la pequeña escuela del paraje, pero una mancha de petróleo hizo que durante veinte años no se pudiera realizar la extracción y hoy, que ya no existe el problema, la población se redujo a unas cincuenta personas.

Una decena de especies de algas llegan a la costa y se recogen para usos alimentarios y de cosmética, siendo el agar agar su principal producto. De allí sale la porfina, más conocida como nori, utilizada para el sushi. La undaria, o wakame, es antioxidante y se están haciendo investigaciones para su utilización en tratamientos contra el cáncer y el HIV, ya que refuerza el sistema inmunológico. Pero, más allá de ser el único pueblo alguero del mundo, la bahía se impone ideal para el avistaje de fauna junto a los paseos por el mar hacia las caletas e islas cercanas. En eso está Matías Soriano, nieto del fundador y quien se ocupa de recibir a no más de veinte turistas que llegan desde las ciudades más alejadas del mundo para vivir esta catarata de naturaleza. Cabalgatas, bicis o caminatas acercan al visitante hasta un bosque petrificado, estancias típicas de la Patagonia o magníficas playas de arena blanca con algún acantilado y piscinas de rocas naturales. Bahía Bustamante está al pie de un manantial de agua mineral; por eso es posible el cultivo de vegetales que luego sirven durante las comidas que se ofrecen en la antigua proveeduría. En sus costas y en la caleta Malaspina viven el pato vapor y la gaviota de Olrog, endémica de la Argentina e internacionalmente amenazada, y sobrevuelan cormoranes y petreles gigantes con más de dos metros de envergadura. También hay colonias de aves, como la paloma antártica, que llega desde el Artico canadiense y elige estas islas para su reproducción. Al no haber predadores, es un lugar de mucha seguridad para nidificar: tienen alimento y tranquilidad.

En el otro extremo, hacia el norte de lo que promete ser el parque, se encuentra el cabo Dos Bahías, que, con Punta Tombo, alberga la pingüinera más grande del país, hasta ahora un área protegida provincial. El pingüino de allí es el de Magallanes, que vive entre la costa y los 1000 metros tierra adentro. Es el lugar al que vuelve todos los años con su pareja para anidar en sus cuevas y criar a los pingüinitos hasta que logran aprender a nadar e impermeabilizarse. Los que son familia se reconocen por los cantos y la hembra llama al macho cuando vuelve de pescar para ubicarlo. Caminan siempre en línea recta y son muy despistados: si se pierden dan muchas vueltas hasta encontrarse. A las colonias de solteros, o juveniles, llegan en noviembre a cambiar el pelaje y se van en febrero hacia el Norte. Las aves playeras son del Círculo Polar Artico y continúan viaje hasta Tierra del Fuego.

Con respecto a los peces y la fauna marina, la zona representa un talud continental de cuatrocientos metros de profundidad que brinda cantidad de nutrientes, y por eso hay multitud de calamares, langostinos, merluza, pulpo y salmón, entre otras tantas especies. El delfín de Risso, uno de los más grandes después de la orca, suele visitar las costas.

En las numerosas islas hay nueve colonias de lobos marinos de un pelo y dos de ellas son reproductivas. Es interesante observar la lucha de los machos por mantener su harén de hembras. Son capaces de pasar dos meses de ayuno, sin entrar en el agua, para que no le saquen a su pareja, que se embaraza en enero y, luego de once meses, en diciembre, tiene una cría. En la etapa de gestación, viven todas las hembras juntas en criaderos.

Entrando al cabo de Dos Bahías se accede a la caleta Sara, famosa por ser fondeadero de veleros que dan la vuelta al mundo. La turquesa caleta contrasta con los acantilados ocres y las maravillosas vistas que se obtienen desde el mirador cercano. Desde la altura se descubre la isla Moreno, residencia de los lobos de un pelo y la isla Leones, donde habitan los leones marinos o lobos de dos pelos.

El miedo empetrolado

El parque se creará para conservar este ecosistema marino y garantizar la reproducción de las especies. Es decir que este tramo norte del golfo de San Jorge será una muestra representativa de un ecosistema que no se encuentra en otro lado porque es una de las zonas con mayor biodiversidad de la Patagonia. El rol del parque será entonces el del control ecológico y la vigilancia, junto con la búsqueda de la sustentabilidad de la economía de la región para que el ecosistema se mantenga. El turismo será uno de los objetivos a desarrollar dentro de las áreas aprobadas. Estará permitida la actividad humana en zonas para pesca artesanal y deportiva, así como el cultivo de algas.

Uno de los grandes temores de la zona es la lucha diaria con el petróleo. Además de cumplir sus cien años de extracción en tierra, hace cincuenta que también se lo extrae del mar. Algunos dicen que la solución parece estar cerca si se estudia la concentración de hidrocarburos en la costa y se delimita la ruta del petróleo. En 1997 se ordenó un cambio de ruta de los petroleros, a veinte millas de la costa. Sin embargo, la falta de castigo y los errores humanos hacen que, por ejemplo, hoy ya no se pueda usar el mar ni para bañarse en las bellas costas de la caleta Córdova. “Con tanto mar, tenemos que poner una piletita de lona para refrescarnos”, explica la propietaria del restaurante de mariscos de la zona.

Para José Luis Estévez, de la Fundación Patagonia Austral, las medidas tecnológicas funcionan, pero hay que trabajar el castigo, ya que con una mínima pérdida en el agua puede conocerse su procedencia y su comprador. Y desde Parques Nacionales las denuncias ahora serán federales.

Por Sabrina Cuculiansky
Enviada especial
sucuculiansky@lanacion.com.ar

Para saber más: www.parquesnacionales.gov.ar

Ubicación

El parque contará con cien kilómetros de costa, cuarenta islas y 500 km2 de mar. Ubicado al norte del golfo San Jorge, se extiende desde Puerto Vizzer hasta el cabo Dos Bahías. Lo enmarcan la estepa y el mar, en Chubut, a 250 km de Comodoro Rivadavia y a 40 de Camarones. Será muy importante, ya que delimitará las rutas de acceso de los barcos petroleros y pesqueros.

Cómo llegar

Actualmente, por Camarones, desde la ruta provincial 30. En el futuro se llegará por la ruta 1, con una entrada por Comodoro Rivadavia y otra por Camarones, pueblo que hoy está aislado. Se diseñará una ruta que copiará el perímetro de la costa, pero el proyecto del camino se firmará recién en agosto. Las entradas serán por el Norte, a través del Portal de Camarones; hacia el Oeste, por la ruta 3 a Bahía Bustamante, y desde el Sur, por la ruta 1 costera desde Comodoro.

Clima

El clima es templado frío costero, con temperaturas medias anuales cercanas a 10º. La mejor época para recorrerlo es desde noviembre hasta abril. En el verano, la temperatura puede llegar a los 34°, con un viento frío que llega del mar, y por la noche baja a unos 16°. Las precipitaciones son pocas, de alrededor de 200 mm. anuales, y se concentran en el invierno.

Friday, February 15, 2008

CAMPO DE LOS ALISOS



AGENCIA TELAM
SUPLEMENTO PARQUES NACIONALES

http://www.telam.com.ar/vernota.php?tipo=N&idPub=93248&id=210657&dis=1&sec=1

El Parque Nacional tucumano aumentó su superficie en 7.600 hectáreas

De esta manera, esa área protegida que contiene cuatro ecosistemas muy bien diferenciados, alcanzará las 18 mil hectáreas. Con esta adquisición, la Administración de Parques Nacionales (APN), aumenta la protección ambiental de las nacientes de los cursos de agua que se originan en los Nevados del Aconquija.

Por Alejandro San Martín

La Administración de Parques Nacionales (APN), suscribió en la Escribanía General del Gobierno de la Nación la escritura de compra de un predio rural de 7.600 hectáreas contiguo al Parque Nacional Campo de los Alisos, con lo que la superficie total de esta área protegida nacional alcanzó las 18.000 hectáreas.

Creado el 9 de agosto de 1995, esta área natural que contiene en su interior cuatro ambientes bien diferenciados, como son la selva de la montaña, el bosque de montaña, los pastizales altoandinos y el ambiente puneño, tenía el problema original de la escasa superficie para proteger una diversidad tan extensa.

"De haberse convertido en una isla, estaba condenado a muerte", dijo a Télam, Daniel Vega, intendente del Parque y quien, desde los inicios del mismo, planteó la necesidad de aumentar la superficie del área.

La compra forma parte de la política institucional de la APN para incrementar la superficie de áreas protegidas bajo su jurisdicción; con el fin de cubrir la representatividad de todas las eco-regiones del país en superficies acordes para la protección de la biodiversidad.

Por Ley Provincial Número 7.646, impulsada por el Legislador Raúl Hadla, la Provincia de Tucumán, con los oficios del titular del ejecutivo provincial, José Alperovich, cedió al Estado Nacional la jurisdicción territorial sobre el inmueble lindero al Parque Nacional Campo de Los Alisos, denominado "Estancia Las Pavas", ubicada en el Departamento Chicligasta, localidad de Alpachiri.

Este Parque Nacional, que fue creado para proteger a un sector representativo de la selva y del bosque de montañas y del bioma altoandino, se encuentra en el Departamento de Chicligasta, en la Provincia de Tucumán y ocupaba originariamente una superficie aproximada de diez mil hectáreas.

La zona alta del área pertenece a la eco-región altos andes que se caracteriza por un clima frío y con nieves permanentes. Las lluvias de la eco-región varían entre los 100 a 200 milímetros y sus suelos son esqueléticos y de incipiente evolución.

Con esta adquisición, la APN aumenta la protección ambiental de las nacientes de los cursos de agua que se originan en los Nevados del Aconquija. La cadena del Aconquija, prolongación austral de las Cumbres Calchaquíes, constituye el primer escalón montañoso al oeste de la extensa llanura chacopampeana.

"Esta adquisición viene con un ’bonus track’, porque el área incorporada tiene cantidad de recursos arqueológicos de altura todavía no revelados. Vamos a hacer un convenio con el Museo Arqueológico de Tucumán para explorar esos recursos", aseguró Vega.

El Parque Nacional Campo de los Alisos cuenta con uno de los más imponentes vestigios de la denominación incaica al sur del lago Titicaca: la Ciudadela o Pueblo Viejo del Aconquija, que es uno de los pocos ejemplos de arquitectura monumental puramente incaica del Kollasuyo, es decir, de la porción meridional del imperio.

La Ciudadela era un centro político administrativo, con carácter de baluarte fronterizo, que cumplía además funciones religiosas. Sus recintos comunitarios, plazas ceremoniales, viviendas, corales y piedras sagradas, están repartidos en dos conjuntos diferenciados.

La nueva superficie, además de contar con esos tesoros arqueológicos por descubrir, "tiene áreas de mayor color de biodiversidad que arranca de los 800 metros a nivel del mar, hasta los cinco mil metros", explicó Vega.

Es que el Campo de los Alisos tiene una relevancia ecológica tan importante como la arqueológica. Sus turberas altoandinas y su selva escudan las nacientes de los ríos Jaya y Las Pavas, dos de los innumerables cursos que bajan del Aconquija para dar vida al Jardín de la República.

De ellos depende, por ejemplo, el riego de miles de hectáreas, el agua potable que consumen varias poblaciones y el nivel del Embalse Río Hondo.

El intendente Daniel Vega adelantó otros dos proyectos de incremento de superficie que están ideados para el Parque Nacional. "Hay dos campos al sur, de unas 19 mil hectáreas, en muy buen estado de conservación, que podrán ser explotados de forma sustentable bajo la supervisión de la APN".

Se trataría entonces de una Reserva Nacional, es decir, un lugar protegido donde los dueños de la tierra pueden hacer aprovechamientos al no perder el dominio. Antes de mayo de presentaría el proyecto de ley.

"El segundo proyecto establecería un acuerdo con la provincia de Catamarca, sobre los Altos de Aconquija. Lo que queremos es una sucesión en altura; una reserva en altura que permita conservar toda la alta cuenca en las dos provincias", concluyó el intendente.

Monday, February 11, 2008

La Argentina inexplorada IV /Jujuy




FOTO: Daniel Pessah


LA NACIÓN REVISTA
Nº 2014
10 de febrero de 2008


http://www.lanacion.com.ar/edicionimpresa/suplementos/revista/nota.asp?nota_id=984743

Una selva entre las nubes

LNR se internó en el Parque Nacional Calilegua, un oasis de biodiversidad a 30 kilómetros del circuito de la quebrada de Humahuaca. Viaje a un bosque en las alturas cuyo soberano es el yaguareté, y donde se refugian otros mamíferos en riesgo de extinción y casi 300 especies de aves


Libertador General San Martin, Jujuy.– Verde intenso. Verde exuberante. Más de 76.000 hectáreas de verde selva húmeda y subtropical y, bajo el verde, la fauna. El rumor constante de los coyuyos y de los pájaros. El aire espeso, el suelo blando y resbaladizo. El bosque inmenso y casi virgen.

Verde Jujuy. El verde insospechado de la provincia conocida por su Puna, por la foto de un cactus erguido sobre la nada. Por la aridez colorida de la Quebrada, que –cuesta creerlo– está a menos de 30 kilómetros a pie o a caballo por los cerros.

El Parque Nacional Calilegua está situado en el sudeste jujeño, y en su extensión alcanza los 3600 metros sobre el nivel del mar. Fue donado en 1979 por la empresa Ledesma, que durante años le dio nombre y justificación a esta ciudad de 44.000 habitantes, forjada en torno al ingenio azucarero. Calilegua es un reservorio de biodiversidad y de cuencas de agua, que la empresa canaliza para el riego de sus plantaciones. El parque a su vez es parte la Reserva de Biosfera de las Yungas, creada por la Unesco en 2002 y que ocupa 1.328.000 hectáreas.

En las alturas de las serranías, la lluvia crea diferentes microclimas. Las características de la vegetación cambian así a medida que se sube la pendiente: la selva pedemontana (de los 500 hasta los 700 metros), o de palo blanco y palo amarillo; la selva montana (hasta los 1500 metros), que recibe las máximas lluvias y donde predominan los árboles que no pierden follaje en el invierno, y el bosque montano (hasta su máxima elevación), también llamado nuboselva, porque lo cubre una espesa cortina de niebla.

“En verano, y a comienzos del otoño, el bosque es envuelto por las nubes, que al contacto con la vegetación se condensan y provocan un fenómeno conocido como lluvia horizontal. Así se genera el agua que hace que haya recursos hídricos disponibles todo el año”, explica nuestro guía, el guardaparque Norberto Tomás, en un alto que hacemos para disfrutar de la vista desde uno de los miradores del camino.

Señor del monte

El rey de esta selva es el yaguareté. Se lo considera en peligro de extinción, por lo que ha sido declarado Monumento Natural Absoluto. Temido y amado como corresponde a los grandes monarcas, es raro que deje ver de sí más que sus huellas. El equipo de LNR se internó en la selva para buscarlo, incentivado por la aparición de una cría sobre la ruta provincial N° 83 –de tierra–, que atraviesa el parque. En la mañana de nuestra excursión, los guardaparques habían encontrado vacía la jaula en la que habían puesto al cachorro. Era liviana, para que si su madre regresaba por él pudiera moverla y recuperarlo. Confiaban en que así había sido, y en que la familia de tigres americanos todavía estaba cerca.

Antes de iniciar la caminata, nos advirtieron que, frente a un yaguareté, es fundamental permanecer erguido y mostrarse tan alto como sea posible, con los brazos extendidos, gritar o rugir, y jamás darle la espalda. Pero el “señor del monte”, como también se lo conoce aquí, ya no iba a mostrarse en público esa semana.

Este felino no es la única especie amenazada que habita el parque. El tapir, la taruca, el guacamayo verde, el loro alisero, el ocelote y el zorro gris serrano también se refugian aquí, junto a otras cien especies de mamíferos, 30 de sapos y ranas, y casi 300 de aves que hacen de Calilegua un destino obligado para ornitólogos argentinos y extranjeros.

En los alrededores del parque viven comunidades de ascendencia coya y guaraní. Estos habitan sobre todo los pisos más bajos del bosque, mientras que los primeros viven en pequeños poblados sobre las zonas altas.

“Nosotros trabajamos para incorporar a la comunidad. Nuestro fin no es que el parque sea una isla verde de biodiversidad en un contexto de entorno modificado, donde el hombre quede afuera”, dice Tomás.

A 18 kilómetros del límite del parque, por el cerro, se encuentra San Francisco. Es un pequeñísimo pueblito cordillerano desde el que se puede llegar a la quebrada de Humahuaca. Lalo Cruz, uno de los pobladores, organiza cabalgatas y travesías que parten desde allí. Como otros en San Francisco, recibió un microcrédito de la Fundación ProYungas para desarrollar su emprendimiento. Valentín Mamani pudo comprar la máquina con la que hace artesanías en madera que vende en la oficina de información turística, frente al restaurante, recientemente ampliado, donde sirven los tradicionales tamales y empanadas norteñas.

Todo el pueblo parece de fiesta. Todo el pueblo son unas 30 familias, una iglesia, una ruta de tierra por la que esperan que llegue el turismo. Es una tarde de sol, pero Mamani anuncia que pronto vendrá la lluvia.

Tiempo de volver, dice nuestro guía. Entonces emprendemos el regreso, en la camioneta de Parques Nacionales, cuesta abajo, en caracol, por las yungas. Y de nuevo todo se vuelve verde. El verde intenso del Jujuy menos pensado.

Por Mercedes Funes
mfunes@lanacion.com.ar