


lanacion.com EN LAS YUNGAS
POR: Tomás Rivas
De la Redacción de lanacion.com
Enviado especial
El secreto mejor guardado
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Escondido en el corazón de las Yungas, el Parque Nacional Baritú es una muestra de convivencia respetuosa del hombre con la naturaleza
El Parque Nacional Baritú es seguramente el secreto mejor guardado de la Argentina en lo que refiere a bellezas naturales. Escondido en el noroeste de Salta, a orillas de tierras bolivianas, esta reserva constituye el corazón mismo de la selva de Yungas. Allí, los verdes son intensos y la relación de los pobladores con la fauna salvaje es sumamente cotidiana.
Poco es lo que se conoce de este mágico lugar, y ello responde a varios factores. El primero de ellos es su acceso. Por su ubicación, la llegada a Baritú vía terrestre hace indispensable salir del país. Desde Orán, se toma la ruta nacional 50 hasta la frontera con Bolivia. Desde allí, trámites migratorios mediante, se sigue unos 90 kilómetros por la sinuosa y pintoresca Ruta Panamericana, siempre en tierras bolivianas, hasta La Mamora. Una vez allí, sólo resta cruzar el Río Bermejo para regresar al territorio nacional y arribar a Los Toldos, el pequeño pueblo que hace las veces de última escala previa al parque y que alberga a la Intendencia del Parque Nacional Baritú.
El recorrido que une Los Toldos con Lipeo, un poblado enclavado en el corazón de la selva andina, es tan impactante como hostil. Sus 44 kilómetros son una verdadero test de calidad para cualquier 4X4, pero en contrapartida, el contacto con la vegetación y la fauna de Baritú producen sensaciones que no se pueden medir. Desde este camino se pueden apreciar cedros de tamaños descomunales, la exclusiva chonta o palma de monte, enormes nogales y laureles de la falda.
Dicha flora convive con una fauna no menos asombrosa, aunque algo más esquiva al ojo del visitante. Pecaríes, lobitos de río, ardillas, corzuelas coloradas, loros aliseros y cóndores se suman al hábitat del rey de la selva, el yaguareté. Además, esta tierra cuenta con una especie de animal mezcla con mito, el Ucumar o "Yeti" de las Yungas. A este legendario espécimen, familiar del oso de anteojos o frontino, los pobladores lo pintan como un ser de aspecto fiero, larga y oscura pelambre, ojos como brazas, una fuerza descomunal y la particular costumbre de raptar personas con fines sexuales. Más allá de la verosimilitud del mito y de los chistes fáciles al interior del parque, es cierto que esta leyenda es un condimento más que hace de Baritú un lugar atraparte.
La comunidad de Lipeo, un poblado de unas 20 familias, es todo un ejemplo de conservación de valores ecológicos, respeto por el entorno y convivencia, no siempre amistosa, con las especies que lo rodean. Felipa Ugarte, una abuela de 75 años que jamás salió de su tierra natal, cuenta una y otra vez cómo los "leones" (pumas) se comen a sus ovejas cada vez que se descuida.